La puta mosca

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En una tarde soporífera al principio del otoño.
Estoy tumbado en el sofá en una de esas posturas que acaban con la salud de cualquier espalda. Hace un poco de calor y un cierto grado de humedad.
En la televisión un chino y un inglés combaten en una mesa de snooker, una interminable partida. Es el China Open.
Una mosca vigorosa y cojonera no para de molestarme. Seguramente mañana; quizás pasado, lloverá.
Después de un indeterminado número de intentos de aplastarla, la muy zorra ha conseguido que me levante y me prepare un café.  Sigue por ahí, volando…
Reflexiono sobre la capacidad evasiva del puto insecto y de forma inmediata recuerdo la teoría que afirma que nuestra mano al dirigirse hacia el bicho a toda velocidad, desplaza el aire por delante de la palma y que ese desplazamiento es lo que alerta a la mosca. De ahí que las palas matamoscas siempre sean con forma de malla, para que en su movimiento ejecutor y asesino, desplacen el mínimo aire posible y así no adviertan a la mosca de que algo con intenciones malévolas se les acerca.
Con un instinto criminal digno de un asesino en serie, me pongo a buscar la pala matamoscas sin éxito.  Donde leches la habré puesto; me digo.
Me invade una especie de angustia estresante que no puedo controlar y me dejo caer en el sofá con mi cafetito en la mesita.
Después de unos agradables sorbos, deposito la taza en el mueble y el corazón me da un vuelco al observar que la muy jodida mosca parece mirarme desafiante mientras se acerca a la taza. No me lo puedo creer.
Ya llevo tres o cuatro minutos tratando mediante ridículos braceos, disuadir al animal de que ne debe pasearse por el borde de la taza. Y como era de esperar en uno de esos braceos he dado al traste con taza, cucharilla, café y ahora tengo una hermosa mancha en la alfombra que debo de quitar inmediatamente.
Veinte minutos después, la mancha ya no está, la partida de snooker sigue y veo con horror que el chino tiene la mosca en la nariz. Bueno… ya me entiendes. Que la mosca cojonera está en la pantalla del televisor.

Me he preparado otra taza de café y aunque no me gusta nada usar insecticidas, he rescatado del fondo del trastero, un spray que tras agitarlo convenientemente lo he colocado cerca de mi para usarlo sin piedad.

Ahora parece que la muy cabrona se ha olvidado de mi. Allí está, en la pantalla, alternando entre la nariz del chino y las oreja del inglés. De vez en cuando coincide con alguna bola del billar. Parece haber quedado seducida por las luces cambiantes del televisor.  En cuanto venga hacia mi la fulminaré, me digo. Eso si, que venga ella. Yo no me muevo. Es mi tarde para hacer el perro. Sonrío cinicamente.

La partida de snooker ha finalizado. Ha ganado el chino y la mosca no se aparta del televisor. A lo sumo se da una vuelta por el borde de la pantalla y la foto de mis padres (e.p.d) que está justo al lado.
Me armo de valor y con el mortal spray me levanto artrósicamente en dirección al televisor. Supero mis dolores articulares y… Disparo !!
El gas propulsor del frasco insecticida debe estar más caducado que que la libido de mi juventud, porque en vez de un chorro difuso y contínuo, lo que ha salido por esa boquilla, se parecía mas a un montón de salpicaduras. Eso si, la puta mosca ha sido impactada de lleno y al poco empieza a rodar sobre su espalda, a toda leche. Es la manifestación clara de que el veneno empieza a hacer efecto.
Me siento un Rambo doméstico.
Pero pasan unos minutos y la mosca sigue dando vueltas sobre si misma de vez en cuando. Hasta para morirse tiene que joderme la tarde. Además, me da pena de verla sufrir así que decido sacarla a la terraza. La deposito en una papelito y una vez fuera en la terraza, le doy un soplido.
Maldita sea !!!!!!  Ha revivido. Sale volando. Entra de nuevo en la casa y se cae justo en el interior de la taza de café.

Me rindo.

3122 Florence

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Bueno… eso de ponerle “Florence” a un asteroide… no sé. Me pregunto que pensarán las buenas gentes de Florencia. Pero vamos… que no va por ahí el tema, que no se sientan aludidos porque Florence debe su nombre a un homenaje a Florence Nightingale   que fué una enfermera, escritora y estadística británica, considerada precursora de la enfermería profesional moderna y creadora del primer modelo conceptual de enfermería.
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El fin del mundo

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Tranquilos !
De fuentes bien informadas puedo aseguraros que esta preciosa estrella diurna, mañana, unos minutitos después de las siete, conjuntamente con algún gallo, anunciarán un nuevo día, por mucho que les pese a los Testigos de Jehová, que por cierto tienes más moral que el alcoyano, pues llevan frustrándose con sus predicciones una buena temporada. Pero ellos… erre que erre.
Sinceramente. Creo que sería mejor dejar de hacer el ridículo y conformarse con la Ciencia Ficción, que es muy entretenida.
Repasemos sus frustraciones:
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